A partir de la segunda mitad del siglo xx y debido a una serie de factores
como el boom de las exportaciones de harina de pescado, una mejor red
de vías de comunicación e información, la reforma agraria y el centralismo
de la ciudad de Lima como capital y sede de la modernidad de la época, se
comienza a intensificar el fenómeno de las migraciones de las áreas rurales
hacia las urbanas, principalmente ubicadas en la costa (INEI, 1995: p. 38;
Verdera, 2001), donde este contingente migratorio tan elevado, requería de
una fuente de ingresos que impulsó vertiginosamente el sector de emprendedores
emergentes.
Inicialmente, los inmigrantes rurales se desempeñaban en oficios que
no requerían ningún tipo de estudios, más que la destreza y la fuerza fí-
sica para trabajar como cargadores, personal de limpieza o como camareros.
Transcurridos unos años, empezarían a incorporarse como pequeños
comerciantes, artesanos y otros, explotando sus capacidades para obtener
mayores ingresos, por lo cual llegarían a conformar a principios de los
años 80 la primera definición de «Empresas con menos de 10 trabajadores
y Trabajadores Independientes No Profesionales», constituyendo el tercio
de la población económicamente activa de Lima Metropolitana, mientras
que el resto de la población trabajaba en medianas y grandes empresas privadas
así como en el sector público. Sin embargo, con los ajustes estructurales
y todo lo que ello conllevó, impactó sobre las empresas formales y el
sector público, provocando la pérdida de empleo de muchos trabajadores,
condiciones que los impulsaron a generar sus propias fuentes de empleo y
forzando la incorporación de nuevos miembros de la familia al mercado laboral:
mujeres y jóvenes.
De esta manera, desde los años 90 hasta la actualidad se produjo una tercerización del empleo, reemplazándose las actividades productivas por los servicios y el comercio. Bajo éste rápido crecimiento del número de MYPES y de Trabajadores Independientes, se promulgó la Ley de Promoción y Formalización de la Micro y Pequeña Empresa (2003), cuyos ejes principales son la competitividad y las exportaciones, los organismos Institucionales de las MYPES y las tributaciones correspondientes; sin embargo, no se contemplan las temáticas relacionadas con las condiciones de trabajo digno ni la correspondiente penalización por la utilización de mano de obra infantil, horas extras de trabajo no remuneradas, la explotación de trabajadores/as, programas de capacitación y facilitación orientados a informar sobre los derechos u obligaciones que se desprenden del libre ejercicio de desempeñarse como Independiente o Micro y Pequeño Empresario.
file:///C:/Users/SUSAN/Downloads/6642-24506-1-PB.pdf
De esta manera, desde los años 90 hasta la actualidad se produjo una tercerización del empleo, reemplazándose las actividades productivas por los servicios y el comercio. Bajo éste rápido crecimiento del número de MYPES y de Trabajadores Independientes, se promulgó la Ley de Promoción y Formalización de la Micro y Pequeña Empresa (2003), cuyos ejes principales son la competitividad y las exportaciones, los organismos Institucionales de las MYPES y las tributaciones correspondientes; sin embargo, no se contemplan las temáticas relacionadas con las condiciones de trabajo digno ni la correspondiente penalización por la utilización de mano de obra infantil, horas extras de trabajo no remuneradas, la explotación de trabajadores/as, programas de capacitación y facilitación orientados a informar sobre los derechos u obligaciones que se desprenden del libre ejercicio de desempeñarse como Independiente o Micro y Pequeño Empresario.
file:///C:/Users/SUSAN/Downloads/6642-24506-1-PB.pdf
Comentarios
Publicar un comentario